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viernes, 13 de febrero de 2009

Santos va a la cárcel


Una jueza determinó enviar a prisión a quien fue el tercer hombre con más poder en el Gobierno. Determinó que deberá defenderse entre rejas del caso de corrupción del que se lo acusa, por riesgo de obstaculización.




• A la cárcel

Un caso de corrupción y soborno hundió al ex presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, Santos Ramírez. Una jueza decidió enviarlo preventivamente a la cárcel de San Pedro.
Así, le dio un revés al político que por la influencia y cercanía que tenía con el presidente Evo Morales, se perfilaba como el candidato a la vicepresidencia por el MAS en las elecciones de diciembre de este año.

Luego de tres horas y media de audiencia cautelar, la jueza 10º de Instrucción en lo Penal, Marcela Siles, dictaminó que el ex hombre fuerte del Gobierno deberá defenderse de las acusaciones que pesan sobre él encerrado en una celda del penal paceño, ya que, según su análisis, Ramírez podría obstaculizar la investigación e influir en personeros de la estatal petrolera.

El ex funcionario público fue imputado por la supuesta comisión de los delitos de incumplimiento de deberes, uso indebido de influencias, asociación delictuosa, daño económico al Estado, conducta antieconómica y cohecho pasivo (soborno).

Todo esto por la adjudicación, presuntamente irregular, de un contrato entre Yacimientos y la empresa Catler-Uniservice, a la que se encomendó la construcción de una planta separadora de líquidos por $us 86,3 millones.

El 27 de enero, un grupo de personas que acompañaban al empresario tarijeño Jorge O’Connor llegaba a un domicilio en la avenida Tejada Sorzano de La Paz, presuntamente para entregar una coima de 450 mil dólares.

Según confirmó la Fiscalía en la audiencia, ese dinero había salido del Banco Unión y tenía como destino la casa de Gonzalo Aramayo, un familiar de Santos Ramírez, quien estaba en el lugar junto al cuñado del ex presidente de YPFB, Javier Navía. Esa casa, al mismo tiempo, era el domicilio legal de la Fundación Khantati, de propiedad de esa familia.

En la puerta, una banda de delincuentes interceptó el dinero, lo arrebató a O’Connor y a otro presunto implicado en el negocio, Mario Cossío Mc Galem. El hecho tal vez no se hubiese conocido si quedaba ahí, pero uno de los delincuentes disparó al empresario, con lo que no solamente lo mató, sino que destapó este escándalo de corrupción.

Este caso salpicó rápidamente a Santos Ramírez, quien fue destituido de YPFB por el mandatario Evo Morales. La investigación derivó el martes en su aprehensión, y ayer, en su reclusión preventiva.

Se presentó a la audiencia con una chamarra beige, un pantalón café y una camisa amarilla, tal cual estaba vestido Ramírez en los últimos tres días, desde su aprehensión. Ayer, una vez más, el ex funcionario asistió a la audiencia con el libro Conversaciones con Dios bajo el brazo. Ingresó a una sala que se habilitó para la audiencia en el piso cinco de la Corte Superior de Distrito, cuando ésta todavía estaba vacía.

Las puertas del edificio se mantuvieron cerradas hasta después de las 14.00, hora fijada para la audiencia. Cuando los periodistas y el público asistente llegaron al ambiente habilitado para la cita, el acusado ya estaba ubicado detrás de una bandera de La Paz, que impidió que los camarógrafos y reporteros gráficos captaran su rostro.

Durante las tres horas y media que duró la audiencia, escuchó los alegatos de los fiscales y de sus abogados en completo silencio. Simplemente se limitaba, de rato en rato, a dar instrucciones o pasar papeles a sus defensores.

Tampoco pronunció palabra alguna cuando la jueza determinó su detención preventiva. Simplemente bajó la cabeza y luego se levantó para dirigirse a sus abogados mientras esperaba que los policías se acerquen para conducirlo a su celda en el penal.

Los efectivos hicieron un callejón al terminar la audiencia, y el hombre pasó. La seriedad en su rostro fue la única manifestación que mostró ante las cámaras. La escolta se abrió paso entre los periodistas y la gente que asistió a la audiencia. Quien terminó enero con mucho poder como presidente de YPFB, ahora se dirigía a su encierro completamente solo. No respondió ni una sola pregunta de los periodistas, ni se inmutó ante algún silbido que se escuchó mientras se retiraba del salón.

Los que sí se acercaron a los medios fueron sus abogados. Víctor Borda sentenció que la jueza “titubeó” al dar el dictamen, y luego atacó: “Eso demuestra que hubo injerencia política”.

Albo Lacaze se limitó a decir que su equipo analizará la decisión judicial y que apelará.

Mientras que José Paredes resaltó que dentro de la audiencia no se pidió la libertad pura y simple, “pero sí la detención domiciliaria para que se defienda con tranquilidad en su casa”. Acotó que Ramírez se mostró dispuesto a colaborar con la indagación.

Según trascendió, se habría gestionado que Ramírez se quede una noche más en las celdas de la Policía Judicial y que sea trasladado hoy al penal.

Los fotógrafos y periodistas, inmediatamente terminó la audiencia, desplegaron sus equipos para captar el ingreso del ex ejecutivo de YPFB al penal de San Pedro, que luego de las 17.30 tenía un fuerte resguardo policial.

Sin embargo, dos horas después aproximadamente, los guardias ingresaron al penal y retornó la normalidad.

Este medio estuvo en las puertas del recinto carcelario hasta después de la una de la madrugada y no se había registrado el ingreso de Santos Ramírez.

El silencio y la soledad siguieron ayer al ex presidente de la estatal petrolera. Mientras tanto, el vicepresidente Álvaro García Linera comentó sobre su caso que el Gobierno “se ha cortado una mano para terminar con la corrupción”.

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